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Privatizar TVN

TV-Nacional-do-Chile

 

José Francisco García

Chile - TVN hace rato dejó de ser un canal público; y si bien ha logrado en los últimos años dejar de ser uno de gobierno, hoy está capturado por el sistema político y sus lógicas.

Gran controversia ha generado la nominación del abogado Carlos Zepeda como Presidente del Directorio de TVN. Varios dirigentes de la ex Concertación vociferaron una y otra vez que se trataba de una operación política desde La Moneda para “intervenir” TVN de cara a las elecciones venideras.

Sorprende gratamente la lucidez de estos dirigentes: son capaces de vociferar con la fuerza –por lo demás acumulada durante el último tiempo en que ella ha escaseado mientras se van produciendo las formalizaciones de diversas autoridades del gobierno Bachelet por el 27F– de aquel que conoce, en primera persona, lo que es la utilización política de TVN a favor del gobierno de turno.

Claro; los acuerdos políticos del verano de 2003 que derivaron en la aprobación de la Ley de Gasto Electoral y la Alta Dirección Pública se basaban, según análisis de miembros de la denominado Concertación, en el entendimiento de que si la centroderecha contaba con recursos privadas para financiar sus campañas, la ex Concertación podía hacer uso del Estado y sus recursos para “equilibrar” la justa electoral. Es por eso que ambos cuerpos legales estarían pensados para transparentar la influencia del dinero en político y evitar el  abuso del Estado a favor de la coalición oficialista.

Lo que nadie parece recordar es que TVN también cumplía un rol en ese esquema; tenía sentido tener un canal de gobierno, bajo el disfraz de la estatalidad que “equilibrara las fuerzas”. Es por ello que las exigencias de pluralismo y autonomía cobraron especial y mayor relevancia a fines de los 90’s y los 2000, cuando –haciendo eco de lo sucedido en los 80’s– el canal pasó a ser parte del Ministerio Secretaria General de Gobierno.

Ello no sólo era cierto respecto de la cobertura de los bloques políticos –una asimetría grotesca– sino de la agenda de temas; el caso más notorio fue la baja cobertura de uno de los tres principales temas de preocupación de las personas según diversas encuestas de opinión pública –tendencia que continúa hasta hora–: la delincuencia, fenómeno que fue derechamente ocultado y minimizado durante los 90’s por los gobiernos de la Concertación –lo que terminó en haber tenido una década perdida en la materia en políticas públicas–.

La forma de resolver la tensión, la defensa de los principios constitutivos de autonomía, pluralismo y objetividad fueron interpretados como un equilibrio en la cobertura de los dos grandes bloques políticos, lo que no sólo se manifiesta en la composición del directorio sino en, por ejemplo, los tiempos de cobertura de los candidatos presidenciales de ambos bloques en las campañas inaugurados por René Cortázar.

Bajo este contexto, TVN hace rato dejó de ser un canal público; y si bien ha logrado en los últimos años dejar de ser uno de gobierno, hoy está capturado por el sistema político y sus lógicas.

Lamentablemente esta lógica no es compatible con la realidad de la televisión chilena. TVN está compitiendo en el mercado en igualdad de condiciones con el resto de los canales; debiendo equilibrar la credibilidad informativa, el rating y la rentabilidad económica. No hay básicamente nada en su oferta que lo diferencie del resto de los canales.

Y precisamente por esta realidad –y por el hecho de que los canales privados tienen, afortunadamente, autonomía para tener su propia línea editorial diseñada de manera flexible y TVN no, dado que debe responder a sus equilibrios internos–,  es que tiene sentido que el actual Presidente de TVN esté pidiendo reformas para lograr tener mayor flexibilidad para competir en la industria. Ello no es sino una prueba adicional de la necesidad de privatizar TVN.

En efecto, nada justifica hoy un canal de televisión en manos del Estado. Ello no es sinónimo de que no se necesite “televisión pública”, esto es, hay un bien social –que no necesariamente entregará el mercado– en que la televisión chilena cuente con mayores contenidos culturales, artísticos, educativos, inclusive programas de debate político, etc.- Si el mercado no los entrega hay buenas razones para que el Estado cumpla aquí un rol, limitado, modesto, pero fundamental en aras de aumentar la libertad de expresión, fomentar la creación artística, promover la diversidad cultural.

Es por ello que los esfuerzos estatales, junto con privatizar TVN, deben estar encaminados a incentivar ese esfuerzo creativo, premiando y promoviendo contenidos de programación diversos a los que entrega el mercado, ya no a través de un canal estatal, sino mediante fondos concursables, competitivos, que generen los incentivos para ello. La televisión digital es un aliado clave en este ámbito. Y experiencias en el mundo desarrollado en esta materia sobran para mirar.


Fonte: www.eldinamo

Publicado en: 02/01/2013.

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